¡No Te Rindas!

La parábola de la Viuda Persistente

“Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que siempre debían orar y no darse por vencidos. Les dijo:
‘En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban las personas. En la misma ciudad había una viuda que continuamente le suplicaba: “Hazme justicia contra mi adversario”.
‘Durante un tiempo él se negó, pero finalmente pensó: “Aunque no temo a Dios ni me importa lo que piensen las personas, como esta viuda me sigue molestando, le haré justicia para que no venga continuamente a agotarme con sus súplicas”’.
Entonces el Señor dijo: ‘Escuchen lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Les digo que les hará justicia sin demora. Sin embargo, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿encontrará fe en la tierra?’”
(Lucas 18:1-8, NVI)

Esta es otra parábola de Jesús en la que enseña a sus discípulos sobre la oración y, creo yo, también sobre la fe.
Encuentro que la oración es una experiencia mística, llena de asombro y descubrimiento.
Hay personas que han orado incluso antes de que la Biblia fuera concebida. Es algo que todas las culturas, tanto paganas como cristianas, tienen en común.
Sabemos de los dioses de Egipto, de la cultura maya, donde los sacrificios a los dioses y la oración eran comunes.
Quizás uno de los relatos más vívidos de este tipo de cultura sea el del profeta Elías, quien desafió a los profetas de Baal a orar a su dios. Pero Baal no respondió, aunque los falsos profetas danzaron y hasta se cortaron a sí mismos para llamar su atención. Uno de los mejores momentos de la historia es cuando el profeta les dice: “Tal vez su dios está dormido, o de viaje, o distraído. ¡Despiérténlo!” Pero no sirvió de nada.
Las personas oran, pero la pregunta es:

¿A quién le oran?

La oración es una actividad invisible, pero esto no significa que no sea real.
Creo que la oración trasciende culturas, idiomas y personas porque está en el corazón de cada ser humano como medio para conectarnos con algo que va más allá de la racionalidad, algo más grande que nosotros, para encontrar respuestas, consuelo y dirección. Cada cultura tiene estos elementos. Basta con mirar la oración del Padre Nuestro.

Uno de los beneficios de la oración es que nuestra fe en el Señor y en Sus obras crece cada vez más, hasta el punto en que, cuando oramos, descubrimos una profunda comunión con Él.
Cuando oramos, activamos nuestra espiritualidad. Encendemos nuestro corazón espiritual.

Hace un par de meses celebramos la Santa Cena, y también fue una oportunidad para dar las gracias a una de nuestras líderes por su trabajo. Ella ya tenía más de 70 años y sintió del Señor que era tiempo de dejar el liderazgo, pero su llamado y servicio aún no habían terminado. Nos dijo que su llamado era la oración de intercesión. Como ella y muchos otros, nos convertimos en personas de oración con el tiempo y la experiencia.

¿Por qué digo todo esto?

Porque en la parábola que Jesús cuenta a sus discípulos hay dos personajes principales: un juez y una viuda.

La mayoría de las viudas saben lo que es estar en necesidad. No solo porque sus esposos ya no están con ellas, sino también porque suelen encontrarse en una situación en la que la oración se vuelve natural, principalmente por necesidad.

Pero como he dicho antes, las parábolas de Jesús realmente me desafían y confieso que son difíciles de comprender.

Justo cuando parece que esta parábola es una enseñanza sencilla, Jesús, al final, plantea una pregunta poderosa, dolorosa e inquietante.

Sus preguntas—porque son más de una—habrían sido impactantes para los más religiosos, para los maestros de la ley, para las autoridades religiosas y hasta para aquellos que eran celosos de las cosas de Dios.

Jesús dijo:
Pero cuando el Hijo del Hombre venga, ¿encontrará fe en la tierra?

¿Por qué hace esta pregunta?
¿Qué significa “cuando el Hijo del Hombre venga”?
¿Por qué pregunta si encontrará fe en la tierra y no en Su pueblo?

Creo que la parábola nos ayuda a responder la pregunta de Jesús. Parece que la enseñanza principal de esta parábola no es solo la oración y la perseverancia, sino también la fe.

El Juez
Jesús comienza contando la parábola diciendo que en una ciudad de Israel había un juez que no temía a Dios ni le importaban las personas.

Jesús les cuenta que en cierto lugar de Israel había un juez que no temía a Dios, pero sí le temía la gente. A este juez no le importaba lo que las personas hablaran de él. Por su profesión y su situación social, él estaba por encima de muchos y en una posición envidiable en la sociedad.

Él tenía la autoridad sobre el futuro de las vidas de muchas personas, así como sobre la tierra y los bienes de cada persona.

Pero él no temía a Dios; en sí, era como un pequeño dios.

Pongamos esta historia desde la perspectiva bíblica y, especialmente, desde la carne y huesos de quienes oían a Jesús estas palabras.

Y como ya me imagino que saben, ellos ya tenían un entendimiento bíblico del Antiguo Testamento, de las leyes, de los profetas, de los jueces, de los Salmos y de la literatura de sabiduría.

En el libro de los Jueces, que continúa la historia del libro de Josué, hay numerosos testimonios que indican que algunos jueces no temían a Dios. Y esto, entonces, estaba dentro de la mentalidad colectiva del pueblo.

Es como decir que hay pastores o políticos corruptos. Lamentablemente, los hay. Hay referentes.
Sabemos que Moisés, junto con los jueces, gracias a los consejos de su suegro.

Y en 2 Crónicas 19-20, Jehoshaphat asignó jueces para que sirvieran al pueblo de Dios.
Es por eso que debemos ser cautos al intentar entender el rol de los jueces, quienes debían ministrar justicia de acuerdo con lo que Dios había prescrito. Pero muchos hicieron caso omiso del rol y del llamado y hicieron el mal delante de los ojos de Dios.

Pero como vamos a ver en un momento, Jesús hace una comparación muy interesante.

Pero la verdad de los hechos es que este juez era despiadado y corrupto.
Algunos puntos sobre él:

  • No tenía reverencia por Dios.
  • No le importaban las personas.
  • Se negaba a hacer justicia.
  • Cedió solo porque la viuda lo molestaba demasiado.
  • Abusaba de su posición de autoridad.
  • No le importaba la justicia, pero sí a Dios.

La Viuda

Hay mucho que decir sobre esta viuda y muchas cosas que desconocemos.

Tenemos que recordar que Jesús enseña sobre la oración y la importancia de no rendirse y de perseverar en ella hasta que Dios responda.

A veces, si no tenemos una sana doctrina sobre quién es Dios, podemos hacer de nuestras peticiones el motivo central de nuestra relación con Dios.

Y también el hecho de que, a veces, no nos guste oírlo, y que es la realidad: Dios es soberano, Él hace lo que quiere y no le podemos dictar lo que Él debe hacer.

Sin embargo, en esta historia este no es el caso:
“Jesús enseña que no debemos rendirnos cuando oramos; debemos perseverar en oraciones que están muy cerca del corazón de Dios y de su voluntad.

¿Pero cómo es esto posible?

Bueno, primero, déjame mencionar que la voluntad de Dios ya había sido establecida y conocida por la comunidad de Dios, la comunidad del primer pacto, sus líderes, sacerdotes y profetas.

Hay un grupo de personas que son importantes y dentro de la voluntad de Dios, ellos son:

  1. Los huérfanos
  2. Los inmigrantes
  3. Las viudas.

En la historia, la viuda busca justicia contra su adversario. No sabemos qué problema tenía, pero sí sabemos que representaba a los más vulnerables de la sociedad.

En la Ley de Moisés, dice:
“Él hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al extranjero dándole pan y vestido.”
(Deuteronomio 10:18)

Este versículo es importante y expresa una idea que está en todas las Escrituras. Nuestro Señor ha establecido que los huérfanos, los inmigrantes y las viudas sean protegidos y se les cuide.

¡Pero el juez de la historia ignoró su responsabilidad y falló!

Solo cuando esta mujer viuda se para frente al juez, demandando justicia, es cuando el juez decide dar justicia gracias a la perseverancia de su causa.

A pesar de esto, la viuda no se rindió. Ella persistió.

¿Qué nos enseña Jesús sobre la oración en esta ocasión?

Esta mujer nos enseña que tomó la responsabilidad colectiva literalmente. Esto era responsabilidad de los jueces, de los profesores de la ley, de enseñar al pueblo en esta misión, que está muy cerca del corazón del Señor.

¡El profeta Miqueas nos ofrece una síntesis del mensaje de la Ley!

“¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el SEÑOR: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios.” (Micah 6,8 NVI)

Quiero que sepas que el juez y la comunidad le fallaron a esta viuda.

Y aquí está la enseñanza de la oración persistente que Jesús nos enseña y que esta mujer entendió.
Ella reclama justicia porque sabe que su derecho es otorgado por Dios. Ella persiste porque lo que pide es la voluntad de Dios y ¡no le importa esperar!

¡Ella sabe su lugar en las Escrituras!
De la misma forma, nosotros tenemos que orar.

Sin embargo, ¿qué hacemos con las preguntas de Jesús?

La Pregunta

Entonces el Señor dijo: ‘Escuchen lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Les digo que les hará justicia sin demora. Sin embargo, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿encontrará fe en la tierra?’”

¿Cómo podemos entender estas preguntas de Jesús? ¿Las podemos responder?

Yo creo que estas preguntas, unas retóricas, desvelan el corazón de Jesús.

Jesús concluye la parábola con tres preguntas retóricas:

  1. “¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche?” Respuesta: Sí, lo hará.
  2. “¿Se tardará en responderles?” → Respuesta: A veces sí, a veces no. Dios responde en Su tiempo. No sabemos cuándo; a veces él las responde rápido y otras no.

¿Por qué? Por nosotros solo vemos en parte y él ve todo; él conoce nuestro futuro.
Y cuando Dios se demora en contestar y no nos rendimos, se crea un espacio en el que nuestra fe crece.

Es en la perseverancia donde nos paramos firmes y seguimos preguntando, seguimos tocando puertas y seguimos buscando, sin tirar la toalla ni rendirnos.

La perseverancia en la oración hace que nuestra fe en Dios crezca ya que ahora hay un espacio para ser íntimos con el Señor

  1. “Pero cuando el Hijo del Hombre venga, ¿encontrará fe en la tierra?”
    Quiero creer que sí.
    Jesús nos desafía a reflexionar: perseveraremos en la fe, incluso cuando las respuestas de Dios no sean inmediatas. A veces, Dios retrasa Su respuesta no porque no quiera ayudarnos, sino porque en la espera nuestra fe crece. La espera es un campo de batalla espiritual.
    Cuando Jesús regrese, ¿encontrará fe en nosotros? La respuesta depende de si perseveramos en la oración y en la confianza en Él.

Conclusión

La parábola de la viuda persistente es un llamado a la oración constante y a la fe inquebrantable.
Así como la viuda no se rindió hasta obtener justicia, así debemos orar sin cesar y confiar en que Dios responderá en Su tiempo perfecto.
¡No te rindas en la oración! Dios escucha, Dios responde y Dios es fiel.


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