Watercolor painting of a winding road leading to a hilltop village in warm golden tones.

¿Dónde Estás en la Historia de Jesús?

“Al día siguiente muchos de los que habían ido a la fiesta se enteraron de que Jesús se dirigía a Jerusalén; tomaron ramas de palma y salieron a recibirlo, gritando a voz en cuello: —¡Hosanna! —¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! —¡Bendito el Rey de Israel!
Jesús encontró un burrito y se montó en él, como dice la Escritura:
«No temas, oh hija de Sión; mira, que aquí viene tu rey, montado sobre un burrito.»
Al principio, sus discípulos no entendieron lo que sucedía. Sólo después de que Jesús fue glorificado se dieron cuenta de que se había cumplido en él lo que de él ya estaba escrito.
La gente que había estado con Jesús cuando él llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertos, seguía difundiendo la noticia. Muchos que se habían enterado de la señal realizada por Jesús salían a su encuentro. Por eso los *fariseos comentaban entre sí: «Como pueden ver, así no vamos a lograr nada. ¡Miren cómo lo sigue todo el mundo!»
Entre los que habían subido a adorar en la fiesta había algunos *griegos.
Éstos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le pidieron: —Señor, queremos ver a Jesús.
Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos fueron a decírselo a Jesús.
—Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado —les contestó Jesús—. Ciertamente les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto.”
(John 12,12–24 NVI)

No sé, la verdad es que la imaginación nos puede llevar a muchos lugares y a diferentes escenarios.


Sin embargo, tenemos un texto bíblico que detalla la entrada de Jesús a Jerusalén, y en esta narrativa que nos propone el Evangelio de Juan, podemos ver a un Jesús que determina el ritmo, y cada zancada de la mula en la cual cabalga es un paso más hacia su destino final, la Cruz.


Jerusalén, la ciudad de Dios, el lugar del templo, donde la presencia del Altísimo era conocida y buscada, no solamente por los fieles, sino también por aquellos que aun siendo paganos buscan a Jesús.


¿Dónde estas tú dentro de esta historia? ¿Dónde estoy yo dentro de esta narrativa?


Hemos sido invitados a participar en esta romería, no tenemos la opción de estar pasivos ni incluso de ignorar lo que está pasando cuando leemos en tiempo real lo que pasó en una Jerusalén muy distinta a la de hoy.


¿Cómo sería hoy la llegada de Jesús a la ciudad? ¿Estarías tú cantando, gritando, moviendo las hojas de palmeras? O quizás estás observando todo, con una mirada que escanea todo y en un abrir y cerrar de ojos lo tienes en frente de ti. ¿Como sería la entrada de Jesús a tu ciudad?


Jesús, rodeado de sus discípulos, escucha: “¡Hosanna!”
“¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” Te imaginas que por cosas que nos da la coincidencia, lo ves y estás a pasos de poder tocarlo. La mirada de Jesús está puesta en busca de la ciudad que lo verá morir. Su rostro está marcado con una determinación seria, pero sus ojos se están llenando de lágrimas que estaban guardadas dentro de su ser, a tal punto que duele. Es la pena, es la miseria de una ciudad que tiene todo para conocer y tener un encuentro con Dios, pero están lejos de Jesús.


Hay diferentes personajes que encontramos en esta historia; por ejemplo, la muchedumbre, que canta y celebra. Están los líderes religiosos que están en contra de Jesús y de todo lo que está pasando, incluso se dan por vencidos, ya que no pueden controlar a la gente. Están los discípulos de Jesús que no pueden entender lo que ocurre ni a Jesús cuando él habla de que esta ciudad, que ahora lo recibe, lo va a condenar a muerte. Y están los griegos, quienes buscan a Jesús; lo quieren ver, escuchar, entender y quizás adorar.

Lo que sí sabemos es que esta búsqueda de los griegos gatilla una serie de eventos y la determinación justa de la misión de Jesús.
¿Dónde estás en la historia? ¿Estás con la multitud, o te identificas con los líderes religiosos? Quizás no entiendes cómo los discípulos, o quizás tienes un gran deseo de tener un encuentro con Jesús.


La verdad es que Jesús no venía como los reyes que ellos imaginaban. No había caballo de guerra, ni armadura, ni señales de conquista militar. En su lugar, venía montado en un burro. Humilde. Tranquilo. Casi silencioso en medio del ruido.


Esta semana no es como cualquier otra; está cargada de preguntas, misticismo, hechos reales y, sobre todo, de profecías cumplidas. Jesús organiza junto con sus discípulos una cena para celebrar la Pascua, recordando la liberación del pueblo cuando eran esclavos en Egipto, y cuando el ángel de la muerte pasa por las casas de los esclavos ya que tenía en sus puertas la sangre de un cordero.


Jesús habla y, en un momento solemne, declara que su vida va a ser sacrificada como un cordero, y toma el pan y el vino, dejando un ejemplo tan simple y profundo de lo que significan su muerte y resurrección. Es esta noche cuando se desencadena una serie de hechos que nos llevan desde la traición hasta su muerte en un viernes. Pero esto no es el fin, sino el comienzo.
Pero lo mejor estaba por llegar.


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